Thursday, June 22, 2006

DE FERIADOS Y NOSTALGIAS

Imagínense una conversación donde se afirme seriamente que el Gral. Juan Antonio Lavalleja, aprovechando el feriado del 19 de abril desembarcó en la Agraciada, ocasión más que propicia para ello por el obligado franco de la mayoría de los soldados brasileños en ese día. O que también aprovechando igualmente el feriado del 12 de octubre, este mismo General Patriota derrotó a los invasores brasileños en Sarandí, por el hecho de que dado el día festivo contaba por tal con más gauchos que de costumbre para sus huestes.
Quizás esto sea una exégesis del disparate, pero no resulta así si comento que la mayoría de los adolescentes piensa que el 25 de agosto es feriado a consecuencia de La Noche de la Nostalgia, ¡y créalo!
Me sucedió cuando le comento a mis alumnos que el próximo jueves no tendríamos clase por ser feriado de ese día. Muy suelto de cuerpo y seguro, un alumno dijo: -¡Ah, es por la noche de la nostalgia!, ¿no?
Si medimos la distancia entre los disparates iniciales y esto vemos que precisamente no hay un abismo entre ambas como se supone. Como me vi abrumado por el juicio de este alumno, en otros grupos de adolescentes a manera de sondeo, deje escapar el comentario del feriado próximo, y con ligeras variantes la situación fue casi la misma.-
Que es lo que pasa entonces para que suceda esto, ya que un país que no recuerda su gesta está invariablemente condenado. Uno supone que las lecciones de historia de la escuela, esas que no se olvidan más, siguen funcionando y que la exaltación del Cabildo de setiembre 1808, del Grito de Asencio o la Liga Federal, siguen ocupando el centro donde se desarrolla la conciencia nacional. ¿Qué es lo que falla entonces para que esto suceda?
Si consulto a unos, seguramente me dirán que la “ficción” del entretenimiento generador de un suelo de fantasía es mucho más poderosa que la mística de la historia propia del suelo que se pisa.
Otros resucitarán aquella culpa que nos endilgaban en los 60: estar plenamente inmersos en la alineación porque nos gustaba escuchar a Los Beatles o leer a Allen Grimberg.
Otros dirán que se lee poco y se mira mucho, cosa que hace también que hoy algún católico desprevenido se permita un viso de duda de las Sagradas Escrituras frente al embate ficcional del Código da Vinci de Dan Brown.
Si miramos a vuelo de pájaro (por altura y no por ligereza) podemos ver que históricamente los medios de información han ido cambiando el centro en torno al cual se gesta la importancia de su función. Hoy un medio de información está más cerca del entretenimiento que de la formación, más cerca del show que de la verdad. Esto no es una crítica frontal a los medios, pero si a sus consumidores, los cuales en medio del vendaval de la vida van tendiendo a cambiar su realidad por una realidad acomodada que resulta artificial y sin base. Desde las telenovelas a la publicidad, bien saben de la tendencia natural del ser humano contemporáneo a la suplantación de la realidad (como dijera mi abuela: “...por pajaritos en la cabeza…”). Es como que no hay una segmentación clara de los medios y que monotemáticamante todo tiene que pasar por el entretenimiento a ultranza para tener validez y carecer de contenidos. Este proceso hace automáticamente que la cultura (patrimonio de todos) quede reducida a pequeños grupos y no sea de mayorías, como es dable de que así sea. Más aun, esta situación hace a su vez que también que esos pequeños güetos culturales pierdan la perspectiva y aumenten más aun la distancia con el resto de la sociedad, en menoscabo de los contenidos que detentan.
Es muy difícil de que los caminos sociales emprendidos retornen (como en el juego de la oca) al punto inicial. Más aun cuando se vive un período cuasi barroco y post modernista, al que el marasmo tecnológico oculta la caída libre en la que se está sumido. Sólo la paciencia del tiempo y la oportuna disponibilidad de reservas podrán alimentar, llegado un tiempo arcaico, caminos certeros y dotar de nuevas direcciones a la marcha de los hombres -

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