Wednesday, February 01, 2006

AÑO NUEVO!...¿Pero cuando?

Hoy es una tarea sumamente sencilla saber en que momento del año se está respecto al fin de año o al comienzo de él. Pero aunque no se crea no siempre fue así, ya que este elemental acto de pensar a cuanto estamos de esas fechas, o de cualquier otra con exactitud, tiene tan sólo cinco siglos de antigüedad, y tres de aplicación. Lo más curioso de ello es que ese cotidiano y automático acto de saberse ubicado en el tiempo era en la antigüedad patrimonio privativo de sacerdotes o astrónomos. El desconocimiento, la falta de un sentido único, la ausencia de puntos concretos de referencia, hacía que las fechas fueran ubicadas arbitrariamente o con un gran margen de error. El primer intento formal de fijar una fecha de inicio del año lo pusieron los egipcios. Estos asociaban ya en el IV° milenio AC el comienzo del año con los inicios de la inundación del Nilo conjuntamente con la aparición de la estrella Sirio (llamada entonces Sopt-perro) sobre el horizonte antes de la salida del sol. Gracias a las crónicas del escritor latino Censorino se sabe, que de acuerdo al calendario gregoriano hoy vigente, que un 21 de julio (solsticio de verano) la salida helíaca de esta estrella coincidió con la del inicio del año civil del Egipto Romano del año 139 DC. Para los Babilonios, el inicio del año no estaba relacionado a estos elementos, pero sí al mundo astronómico. Como su calendario no era solar (estacional), sino lunar (basado en las fases de la luna) el año para los mesopotámicos se iniciaba con la primera lunación (luna nueva) que seguía al equinoccio de la primavera (Marzo del calendario vigente). En otros casos, como en los pueblos que habitaban la Galia, el inicio del año se producía seis noches siguientes al solsticio de invierno (cuarto creciente-Diciembre del calendario gregoriano vigente). Inclusive luego, en los siglos VI y VII de nuestra era, el Año Nuevo seguía sin tener una fecha determinada aun, por tal nos encontramos de que en muchas zonas de Europa el año comenzaba entonces el 1º de marzo, e incluso en la Alta Edad Media había casos en que el inicio se daba en Pascua de Navidad, como era en el caso del Reino de Carlomangno. En la Francia de los Capetos, (Luis VI-El Gordo, Luis VII-El Jóven, Felipe II-El Augusto, Luis VIII-El León y Luis IX-San Luis), este inicio anual coincidía con la Pascua de Resurrección del Domingo de Gloria de Semana Santa. Es de imaginar que al ser la Pascua una fiesta móvil, los años no eran precisamente iguales unos con otros así como tampoco la fecha de inicio. Tal es el caso del año 1347 en que a causa de la implantación de esta “costumbre de Francia” por el Concilio de Reims, el mes de abril en curso comenzado un día 1º y finalizó el día 20, para dar lugar al día siguiente al inicio de un nuevo año. A resulta de este hecho, a corto lapso de tiempo hubo nuevamente otro mes de abril, ya que los años se iniciaban por entonces a partir del mes de marzo y no de enero como sucede hoy en día con el calendario gregoriano. Las sociedades de entonces eran todas de carácter primario (agrícolas), y por tal la producción de sus alimentos dependía exclusivamente de las consecuencias estacionales producidas por la traslación de la Tierra en torno al Sol. Por otro lado los astrónomos y sacerdotes, en su carácter de eventuales consejeros de los reyes, pero ajenos a la producción de los alimentos, organizaban los calendarios de acuerdo a los movimientos de la luna en torno a la tierra (fases) y al exclusivo arbitrio de las celebraciones religiosas y necesidades reales. Con ese uso, es que con el correr de los años, los períodos lunares del calendario se iban desfazando de los períodos estacionales por lo que los soberanos recurrían arbitrariamente a intercalar meses extraordinarios que regularan esta disfunción. Por otro lado este agregado siempre era considerado como “Año de Mal Sino”(nefasto), cosa que también repercutía en lo económico, ya que al haber un mes más, había que efectuar también un pago suplementario de impuestos a los gobernantes. Peor era el caso de los Mayas en América Central, que al mejor uso de una Regla de Logaritmos, debían hacer coincidir un Calendario Ritual de 13 días con un Calendario Solar de 5 días alternativamente. El resultado era una sucesión indefinida de días, ordenada pero arbitraria e independiente de los fenómenos astronómicos. Por tal era impreciso saber a ciencia cierta el venidero inicio anual.

En oportunidad de la reforma realizada por Julio Cesar en el 46 AC, asesorado por Sosígenes de Alejandría, éste gobernanate romano establece un calendario de tipo solar/estacional en el cual el año tenía una duración del año en 365,25 días. Esta medición del traslado de la Tierra en torno al Sol tiene un desfase por el cual se debe agregar un día cada cuatro años para compensarla de acuerdo a mediciones posteriores. Pero esta reforma al calendario no fue puesta inmediatamente en uso, sino que hubo de esperar casi quince siglos para su aplicación generalizada. Bajo el papado de Gregorio XIII (1582) se restableció nuevamente la concordancia entre el calendario civil y el estacional, así como la duración del año en 365 días. Para la entrada en vigencia de esta reforma, y para su coincidencia estacional futura, se debió adelantar en 10 días el calendario vigente en ese momento. Esto trajo aparejado casos curiosos como el de Santa Teresa de Avila que falleció un 4 de octubre de 1582, fue sepultada al día siguiente: el 15 de octubre.-

Fue en 1564 que el Rey Carlos IX impuso el inicio del año en la fecha que hoy se toma como tal: 1º de enero. En Gran Bretaña hacia 1751 se mantenía aun el inicio del año el 25 de marzo (Día de la Anunciación a Santa María, Virgen) por lo que recién desde allí en adelante se consideró al 1° de enero como fecha de inicio del año. En la Rusia Zarista de Pedro El Grande, el Año Nuevo comenzaba el 1º de septiembre, cosa que se mantuvo hasta 1918. En la Francia comprendida entre la Revolución y el fin del Imperio, el Nuevo Año comenzaba el 22 de setiembre, fecha de proclamación de la República y coincidente además con el equinoccio de otoño para el meridiano de París. Recién con el advenimiento de la Restauración (1814) se asumió el Calendario Gregoriano.

Hoy en día, caso excepcional lo constituye el Año Nuevo Judío, que sigue manteniendo la tradición lunar que trae aun desde el siglo IV. Su Ros Ha-Saná(Año Nuevo) se conmemora en el mes del Tisri, pero siempre coincidente con la Luna Nueva, e incluso puede celebrarse uno o dos días más tarde para que ello ocurra. Tampoco este debe coincidir con un día miércoles, con un viernes o un domingo, así como también debe guardar cierto lapso establecido con las fiestas del Yom Kipur(Gran Perdón) y el Hoshana Raba. Esto indudablemente determina que el mismo no sea coincidente del el calendario universal vigente.-

Aunque no se crea, las campanadas de las 12 de la noche del día 31 de diciembre, en realidad tañen en forma adelantada, ya que el cambio se produce en forma real 0.003 días después de ese instante, a pesar de la corrección de agregar un día cada cuatro años para cubrir las 5 horas, 49 minutos y 12 segundos que se genera con la aplicación del Calendario Gregoriano respecto al Tiempo Universal Real.-.